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domingo, 23 de noviembre de 2014

Últimos ladrillos

“La creación de una visión del mundo es el trabajo de una generación más que de una persona, pero cada uno de nosotros, para bien o para mal, añade su propio ladrillo”-John Dos Passos
Encontré bastante interesante y relacionada la frase de Dos Passos, pues el Proyecto de Ciudad de Dios se trata de cambio, de aporte, pero un cambio y aporte en comunidad.
Hace algunas semanas, nos enteramos que para la noche de Ciudad de Dios, programada para el día 05 de diciembre del presente año, tendríamos que armar una columna. Cada salón fabricaría la suya, pero los materiales de las cuales la construirían no serían los mismos, y mucho menos se nos darían, teníamos que buscarlos por nuestros medios y haciendo uso de nuestra creatividad.
A nosotros nos tocó zapatos. En un primer momento, al escuchar lo que había tocado para las demás secciones, nos decepcionó un poco, pues se trataba de latas, cajas de tetra pack, entre otros, que por lo general resultan ser muy fáciles de encontrar. Piero nos dijo que no había forma de cambiarlo, y dependía de nosotros que el reto se diera. Primera cuestión, ¿era tan solo un reto? ¿Había algo detrás de la que sería una no tan sencilla búsqueda?
No pasó mucho tiempo para ponernos las pilas, si bien queríamos conseguir un depósito grande para que en la kermesse la gente depositara sus zapatos usados pero en buena calidad, y avisaríamos previamente para enviar algún  tipo de comunicado, no se pudo dar por cuestiones de tiempo de anticipación.
A partir del siguiente lunes, nos repartimos para ir a distintos salones de primaria y secundaria a pedir que nos apoyaran trayendo los zapatos que no utilizaban pero  que se encontraran en buenas condiciones. Realizamos esta actividad en más de una ocasión, y logramos recolectar alrededor de 15 pares de zapatos, entre sandalias, zapatillas, etc. Incluso hubo un estudiante de tercero de secundaria que el día jueves 20 le dejó al profesor Chiri, 3 pares de zapatos, pero no cualquier par de zapatos. Estos se encontraban en bolsas de cartón de marcas muy reconocidas, y al mirarlos nos dimos con la sorpresa que eran casi nuevos, tenían apariencia de no haber sido usados más de dos veces. Al día siguiente, trajo unos seis pares más, aunque estos últimos ya estaban más usados.
La forma en la cual será construida la columna ya está diseñada y planeada, por acuerdo del salón, lo único que falta es conseguir suficiente número de zapatos.
Así mismo, en el último par de semanas, hemos trabajado lo concerniente al video de Ciudad de Dios, en el cual se ejemplificará en un tiempo breve, nuestra visión y experiencia del “curso” por así decirlo. Fuimos grabando a cada uno en distintos días, pero el jueves 20 en la hora de Ciudad de Dios, acomodamos el aula de la manera en que se había planeado, movimos carpetas y sillas e incluso un grupo fue a pedir a los trabajadores que nos prestaran algunas de sus herramientas para usarlas en el video. Se había pedido previamente traer algún mandil, polo o herramienta pero no todos trajeron.
Yo me subí en la parte más alta de la columna de carpetas, y en un inicio estaba asustada ( por caer) pero luego filmamos y me ayudaron a bajar sana y salva.
En estos últimos días, me he puesto a reflexionar sobre lo distinto y tal vez difícil que será continuar con este proyecto ahora que comenzará otra etapa que es la de universidad. Considero que Ciudad de Dios es una experiencia que todos deberíamos vivenciar en carne propia, pues no basta una foto ni un video, tampoco un testimonio de alguien más, uno tiene que saber qué se siente. Y como dijo John Dos Passos, cada uno añade su propio ladrillo.
Objetivos trabajados:
Organizar actividades:
La planificación por parte del salón primó mucho en lo que respecta al video y la recolección de zapatos para la columna que será presentada en la noche de Ciudad de Dios.
Trabajar en comunidad:
A pesar que algunos habían traído herramientas, se buscó que todos tuviéramos. Además cuando me encontraba en altura, varios se preocuparon por mí y me ayudaron tanto a subir como a descender sin problema.
Conocerse, aceptarse y superarse
Sabíamos que no sería fácil, pero nos pusimos una meta, como comunidad, y era lograr formar la mejor columna de zapatos que pudiéramos armar.
Buscar la verdad y actuar con coherencia:

La búsqueda de zapatos implicó un esfuerzo por parte de nosotros, desprendimos nuestra creatividad para hacer el video y la columna  y fuimos de salón  en salón pidiendo apoyo.



domingo, 2 de noviembre de 2014

Aprendiendo inglés

El último sábado del mes pasado, es decir, 25 de octubre se realizó nuestra primera visita de Ciudad de Dios del cuarto bimestre en el colegio de Llanavilla. Se nos asignó enseñar inglés a los niños tanto de inicial, como de primer y segundo grado de primaria.
Debido a que ese mismo día se celebraba la ceremonia de Confirmación, no pude asistir a la visita; sin embargo participé en la planificación de la misma, durante la semana. La idea de enseñarles de manera bastante didáctica me emocionaba, y me entristeció no poder acompañar a mi comunidad de salón a esta primera visita, quedando tan pocas antes que termine el año y con él, la etapa escolar. Las sugerencias fueron de enseñarles las frutas, para lo cual iban a buscar disfraces; y animales, que dibujaríamos o imprimiríamos.  Se planificaron así también los tiempos de salida y llegada al colegio (San Agustín) aunque faltando un día hubo un ligero cambio. La hora establecida de salida fue en un comienzo, 12:40 pm del colegio y con permisos ya entregados ya que nadie podría ir si no había presentado el permiso requerido, incluso se le negaba a aquel que hacía que su mamá llame por celular y confirme su permiso. La llegada sería aproximadamente a las 5 pm. Dentro del grupo de los animales estaban el cocodrilo, un perro, un elefante, entre otros; y por otro lado en las frutas, naranja, manzana, pera entre otros.
Esta presente semana los compañeros que asistieron a la visita, compartieron su experiencia y algo que llamó mucho mi atención fue que dijeron que los niños no sabían las letras del abecedario por lo que se les dificultó la clase. En adición a ello, pude percibir durante los días de preparación y planificación para la visita realizada a Llanavilla, y después, un  mayor interés en las actividades relacionadas con dicho colegio que en el CEBE y es comprensible ya que aparte de la diferencia con trabajar con niños del CEBE , ha sucedido en más de una ocasión que se nos informa un determinado número de asistentes y preparamos los refrigerios, pero al final asisten menos de diez personas. Personalmente no creo que todo sea su culpa o se deba a su discapacidad sino también influyen distintas situaciones. Ello debe representar un reto para nosotros como comunidad de salón porque quedarnos con las visitas a Llanavilla significaría quedarnos en nuestra zona cómoda sin arriesgar . Estoy convencida que desde un inicio Dios encargó a nuestro servicio al CEBE Beatriz Cisneros porque de repente no era mucho lo que les dábamos pero ellos sí a nosotros nos enseñaban y ambos podíamos crecer juntos en el amor de Cristo.
Objetivos cumplidos:
-Conocerse, aceptarse y superarse
Pues a pesar de no haber asistido a la visita, reflexioné sobre distintos puntos antes y luego de que se compartieran las experiencias vividas.
-Sentir con la Iglesia
Ofreciendo en todo momento, cada planificación y la realización del mismo a Dios para que nos ilumine en el camino de la caridad, la humildad y el amor.
-Organizar actividades
Participé activamente durante el proceso de organización y planificación para la visita del sábado pasado a Llanavilla  tanto en algunos minutos de tutoría como el jueves en clase de Ciudad de Dios.
-



Trabajo en comunidad

Cada ocasión que pasamos, nos une más  y logra que se motiven varios a apoyar y tener de la disposición de participar y aprender de los niños. Porque aprendemos que solos no podemos, y es mejor dejar el orgullo atrás y pedir perdón. 

viernes, 26 de septiembre de 2014

Tantas lecciones, en tan poco tiempo.

Son muchas las ocasiones en las cuales he llegado a mi casa con increíbles ganas de almorzar; sin embargo cuando mi mamá me decía qué habían cocinado, no me gustaba. Esta situación se repetía al menos dos veces por semana.

El sábado 20 de setiembre, los niños de Llanavilla fueron invitados al colegio para ser parte de actividades recreativas por parte de los profesores de Cultura Física, Educación Inicial y Primaria y voluntarios de Ciudad de Dios de la sección de 5 A.
Lo previamente acordado era arribar al colegio a las 8:00 am para organizar todo y esperar la llegada de los niños. Desafortunadamente no pude llegar a esa hora debido a que el transporte que solicité demoró alrededor de una hora en llegar a mi casa. En el momento en que llegué, ambos buses estaban ingresando por la puerta del nuevo estacionamiento con los niños adentro. Demoré unos minutos en reaccionar debido a  la vergüenza de haber llegado tan tarde; mas, luego me alcanzaron un chaleco de voluntaria de Ciudad de Dios y comencé a ayudar a mis compañeros a organizar a los niños recién llegados. Me incluyeron en el equipo de logística. Dirigimos a los niños al pabellón de inicial, y una vez sentados, los distribuimos por grados para así comenzar el circuito.  Pero, antes de comenzarlo, se me acercaron varias niñas y entre jalones suaves a mi ropa y tocadas de brazo me pidieron llevarlas al baño  pues no podían más aguantar.  Las tomé de la mano y fuimos corriendo y riendo abriéndonos paso entre las personas que habían. Encontrar el baño tomó un par de minutos puesto que no conozco cada área de ese pabellón, pero finalmente la miss nos indicó que se encontraba en el segundo piso en el aula de sicomotriz. Luego de ellas, fueron llegando muchas niñas más con necesidad de usar los servicios higiénicos, mientras entraban, les decía: ¡Rápido pequeñas! La clase ya va a comenzar, entren y luego se lavan bien las manos, no se olviden. Eran muy tiernas, sólo bastaba observarlas un segundo para darse cuenta. Algo que también me agradó y en cierta medida sorprendió, es que en todo momento se dirigían a mí como “señorita” o “miss”, por alguna razón me hacía sentir bien. La clase comenzó y cantamos: “Cómo están amigos, cómo están, este es un saludo de amistad […]” para animarlos un poco. Siempre había al menos uno que no tenía ganas de participar, e intentábamos animarlo.
Una de las otras cosas que me dejó una increíble enseñanza   fue que habiendo pasado tan solo diez minutos de comenzada la clase, una niña se me acercó, me miró a los ojos y al captar mi atención dijo: “Señorita, tengo hambre”. La expresión tan profunda en su cara, comparada a la reacción que yo supuestamente tenía, de “morir de hambre”, eran distanciadas por miles de kilómetros. En aquel momento entendí, yo no sabía qué era estar realmente de hambre, mucho menos “morir de hambre”.  Conforme pasaban los minutos el número de niños que se me acercaba a decir lo mismo, aumentaba; y yo no hallaba qué respuesta darles además de: “¿Tranquila, si? En un momento comeremos, disfruta la clase-acompañado de una sonrisa. Hubo algunos que no se resistieron y comieron la lonchera que les habían mandado, pero no a todos les habían mandado algo que comer.
Llegado el momento de compartir, repartimos equitativamente los alimentos preparados, entre ellos, petit panes de pollo, así como también de jamón y queso y galletas de vainilla. Como era de esperarse, con un petit pan, no saciábamos el hambre que cargaban aquellos pequeños tan inocentes. En el apuro de esa mañana no me di el tiempo de desayunar- y aunque pude comer alguna galleta que había en mi casa, no quise comerla porque quería otra más rica- por lo que cuando en medio de la repartición me ofrecieron una galleta partida, lo primero que quería era comerla en un santiamén, pero en cuestión de segundos, unos pequeños me vieron y no hizo falta que me lo pidieran, les di aquel pedazo de galleta. Otro suceso que impactó en mí, fue que en cierto momento una pequeña se me acercó y sin decir una sola palabra me abrazó fuerte, de una manera pura, amorosa y angelical. Aquel abrazo fue tan distinto a los que puedo recibir en el día a día, ese abrazo fue especial y único. Seguido a ella , se me acercaron un par de niños más para abrazarme, y yo abrazarlos a ellos. Necesitaban tanto amor. Decir que fueron como cachetadas para mí -en sentido metafórico- no alcanzaría para describir cómo me sentí. Tantos momentos en que rechacé abrazos de mi familia, de mi hermana, mis papás, o cuántos abrazos pudo alguien necesitar y que yo no noté que necesitaba.
Y continúo preguntándome, cómo es que unos niños tan pequeños, me refiero a edad, pudieron enseñarme tantísimas lecciones en menos de cuatro horas. 

Conocerse, aceptarse y superarse.
Esta experiencia me ayudó a reaccionar, ya que en mi vida no había estado valorando todo aquello que Dios me regala, todo aquello con lo que soy bendecida y tuvo que pasar que viera realidades realmente difíciles, para reflexionarlo.

Sentir con la Iglesia.
Tanto al inicio como al fin de la visita, hicimos una oración con los niños para ofrecer el trabajo del día. Durante la oración, algunos no entendían o no sabían la posición de las manos y yo iba indicándoles feliz.

Trabajar en comunidad.
Con la comunidad de mi salón trabajamos para que la actividad se desarrollara de la mejor forma, con entusiasmo y entrega.

Buscar la Verdad y actuar con coherencia.

Mi oración, debía ser fuerte para poder yo enseñarles en la medida de lo posible a los niños a rezar; así también ser coherente con mis acciones,  por lo que a raíz de aquella experiencia cambié mi manera de valorar los alimentos que me ofrecen en casa así como en cada lugar al que vaya, considerando que eso que puedo rechazar, es anhelado por otra persona que, a diferencia de mí, realmente lo necesita.



jueves, 4 de septiembre de 2014

Hazlo con amor, como si fuera para Él.

Considero que aunque sea un tema que muchas veces ha sido discutido;  es muy difícil ponernos en el lugar de aquellos que no gozan de lo que nosotros sí.

El sábado pasado se organizó una visita para Llanavilla a cargo de los salones A, D y E. Sin embargo, los sábados me resulta bastante complicado asistir a alguna actividad; debido a que soy catequista de Confirmación.
Aún así, quería participar de alguna manera así que cuando realizábamos las organizaciones previas a la visita, debíamos precisar qué alimentos llevarían para el compartir con los niños.
Como siempre, surgió la idea de la cajita de Frugos y un paquete de galletas; pero, también dijeron: ¡Pan con pollo! A lo que la mayoría respondió diciendo que sería muy complicado y trabajoso , ¿quién asumiría esta responsabilidad? Lo pensé 2 segundos, y levanté mi mano decidida, pues pensé: No voy a poder ir; sin embargo ¿por qué no ayudar con esto? Tengo tiempo y no sería nada difícil si lo hago con tantas ganas como es estar en la cocina y más aún si serían para compartir con aquellos niños.
A pesar de mi determinación, algunos seguían diciendo que resultaría más práctico comprar paquetes de galletas de vainilla; y sí, tal vez sería más sencillo; pero ¿qué es más probable? ¿Que junten 60 céntimos para comprar en alguna bodega una galleta, o que se preparen un buen pan con pollo? Tal vez para nosotros no hace gran diferencia pues así como pedimos y/o compramos una galleta, hacemos lo mismo si se nos antoja un pan con pollo; pero eso somos nosotros, no ellos. A veces nos olvidamos de quién estamos hablando, para quiénes estamos haciendo este proyecto.
La noche del viernes había comprado todo lo necesario para aproximadamente 80 petit-panes de pollo: 3 pechugas de pollo, 2 lechugas, 1 mayonesa gigante Alacena, papitas al hilo, y 3 bolsas de 25 unidades cada una de petit-panes. Era consciente que podría ser agotador pero me encomendé al Señor, estaba segura que mi disposición y mis oraciones, ganarían la batalla contra el cansancio físico.
Al final todo valdría la pena, con tal de poner una sonrisa de satisfacción a causa de una buena comida, en aquellos niños, bendiciones de Dios.

Finalmente terminé y habían alrededor de 100 pancitos. Mientras los hacía, preparaba cada uno como si fuera para mí, como si Dios fuera a verlos y a probarlos, pues ocurre que muchas veces uno, en el egoísmo que tienta al hombre, busca lo mejor para sí mismo, pero cuando se trata de entregarlo al prójimo, no lo damos con el mismo amor. Sabía, como está escrito en la Biblia, que aquel a quien ayudáramos, allí estaría Él.
Desperté temprano para no correr el riesgo de llegar al Colegio y que el bus haya partido rumbo a Llanavilla. Entregué el taper con 80 pancitos a mi tutor Ángel Chiri, emocionada por saber si los niños disfrutarían de lo que con tanta dedicación y amor había preparado. Fue muy reconfortante saber que así fue. Volvieron aproximadamente a la 1:30 pm con el taper vacío. Por causas que desconozco, de los 80 niños que iban a asistir, fueron unos 20. Por lo que cada uno comió dos panes o más, incluyendo a la comunidad que fue.

Vinculación con los objetivos de Ciudad de Dios:

Trabajo en comunidad:
Porque aunque mis compañeros no participaron en la elaboración de los pancitos, sí organizamos juntos las actividades para la visita.

Sentir con la Iglesia:
Pues en todo momento me enmendé al Señor y  a la Virgen, para que me acompañasen. Sabía que podría ser, físicamente agotador pero se lo entregaría a Él, y así mi sacrificio, por así decirlo, tendría sentido.

Conocerse, aceptarse y superarse:
Reconocí que en distintas ocasiones he puesto mayor empeño en las cosas cuando son para mí, o alguien cercano; sin embargo debe ser con mucho más amor si es para el prójimo que puede necesitarlo más que yo.

Se compromete y esfuerza:
Desde el primer momento quise hacerme responsable de esta parte importante de la visita a Llanavilla, pues así, aunque no pudiera asistir, estaría de alguna manera presente y colaboraría a su desarrollo. Quise poner lo mejor de mí al preparar los petit-panes con pollo.





miércoles, 20 de agosto de 2014

Una bendición inesperada

Bitácora #1
Tengo una oración en la cabecera de mi cama que es: “Señor, ayúdame a recordar que nada va a sucederme hoy que Tú y yo juntos no podamos resolver”.
El sábado 19 de julio,  tocó en el esquema de Catequesis de Confirmación una salida comunitaria. El destino fue San Jerónimo de Surco. Siendo sincera estaba emocionada por compartir una mañana entera con la comunidad de la catequesis; pero en especial, con mi comunidad. Hasta hace algunos meses, si me preguntaban acerca de la idea de ser catequista, mi respuesta era “no”. No estoy segura si se debía a que no me interesaba, o que consideraba que no tenía la capacidad suficiente, o que no me harían caso. Ese día, durante el camino los catecúmenos iban conversando, jugando con algún Nintendo, con audífonos, leyendo o durmiendo, mientras yo meditaba acerca de cómo había llegado a esa situación, que jamás consideré posible. Como es habitual, preguntaban a qué hora íbamos a llegar, qué comeríamos y cómo nos divertiríamos; pero esa salida comunitaria tenía un propósito mucho más profundo del que se imaginaban.
Cuando finalmente llegamos, las indicaciones eran permanecer en comunidades durante todo el trayecto; sin embargo desde un inicio dos de mis catecúmenos se dispersaron sin esperar a toda la comunidad. A medida que avanzábamos, los llamaba para que regresaran pero era en vano. Y lo que oía de los que estaban conmigo eran quejas, del polvo, del hambre que tenían, de  su aburrimiento; pero no se detenían a reflexionar, a salir de su mundo y observar la naturaleza, el momento que estábamos compartiendo, a dejar de pensar en sí mismos. Pedía a cada momento paciencia a Dios, y ayuda en este proceso; pero casi al finalizar el recorrido, cuando estábamos de regreso, la comunidad se dispersó totalmente. Yo me quedé con tres chicos, otros se habían quedado tomándose fotos, los dos que desde un comienzo se separaron ya habían llegado al bus, todo era un desorden. En mi propósito de reunir a la comunidad para culminar el trayecto juntos, tropecé y me caí. Alberto, un miembro de mi comunidad, me ayudó a levantarme, felizmente no fue tan grave. Queríamos avanzar de manera más veloz para alcanzar a los demás, cuando Alberto tropezó también.  Ese fue el punto de quiebre. Mi paciencia estaba a 1%. Cuando encontramos a los cuatro que estaban delante de nosotros, solamente los miré, no quería gritarles, y les dije que no esperasen otra sonrisa mía, que sería bueno que de vez en cuando pudieran preocuparse por los demás, ya que su hermano de comunidad se había caído y ellos no estuvieron para levantarlo. Me sorprendí de sus reacciones pues pareció haberles afectado, se quedaron todos mudos. Faltando unos metros para llegar al punto de encuentro, Adriana, otra catecúmena de la comunidad, me llamó y me pidió que me detuviera. En el período de tiempo que solo habíamos caminado, sin decir palabra alguna, había estado reflexionando acerca de lo ocurrido, me hubiera gustado expresar de otra manera mi pensar, pero sentí que no lo tomaban en serio. De pronto todos se me acercaron y uno de ellos, Sergio, me pidió disculpas a nombre de toda la comunidad, seguido a él, Dyana, Ximena y Adriana lo hicieron también. Recuerdo que dijeron: “te queremos fio, perdónanos. Prometemos mejorar nuestra actitud, pero ya no estés así con nosotros”. Acto seguido todos me abrazaron y sentí realmente que el hecho de levantarme cada sábado a las 6 am, mientras la gran mayoría duerme, ir y que muchas veces no me escuchen, no tenía punto de comparación con aquel momento, aquel amor que experimenté. Jamás olvidaré ese día. Ahora estoy completamente segura que Dios, desde su inmensidad y Gloria,  puso a esas once personas en mi camino, y el querer compartirles al menos una pizca del grandioso amor de Dios, es más que suficiente para que valga la pena. El camino no será fácil, pero Él mismo dijo, a quien más se le confíe, así también se le pedirá y mayor será su recompensa en el Reino de los Cielos.
Relación con objetivos de Ciudad de Dios:
Busca la Verdad y actúa con coherencia:
Debido a que todos dejamos de pensar en uno mismo, para seguir el ejemplo de Jesús, tomar decisiones coherentes a lo que muchas veces expresamos.
Trabajar en comunidad:
Durante todo el recorrido, tal vez no enteramente, pero se buscaba el trabajo comunitario, y al final, se logró con éxito.
Sentir con la Iglesia:
Pues Dios fue mi sustento, mi apoyo, quien puso las palabras en mi boca, para guiar a mis catecúmenos. Para aprender de ellos.
Se compromete y esfuerza:

Desde que acepté ser catequista, sabía que sería un reto para mí pero cada día aprendo más, cada día voy con más disposición y no me cansaré, pues la meta es el Cielo.









viernes, 4 de julio de 2014

Tú decides qué te llevas

Bitácora N 3
Ha ido transcurriendo las semanas y la actitud de 5 A, a mi parecer, ha mejorado notablemente, hasta podría decir que es más activa que antes. Generalizar y usar la palabra “todos” podría ser un error, por lo que puedo afirmar que más de la mitad de nosotros, hemos buscado oportunidades para visitar al CEBE Beatriz Cisneros otra vez, así como hacer alguna actividad para recaudar fondos, una actividad en la que podamos participar juntos.
Así fue como el sábado 28 de junio, se realizó la Pichanga para Ciudad de Dios. Previamente nos organizamos y cada uno tenía una misión, algunos iban a arbitrar en los partidos, otros llevarían vasos, platos, servilletas, hornos eléctricos, cocina eléctrica, queques, pizzas, café, y sin pensarlo todo estaba listo para el gran día. Había mucha expectativa pues no era una actividad cerrada, del salón, sino que fue organizada por los tres salones que formamos parte de este proyecto. Llegado el día de la actividad, puedo decir que me estresé un poco al inicio pues los otros dos salones llegaron con todos sus productos y de mi salón habían menos de 10 personas y nada para vender más que un queque. Sin embargo, luego me calmé y fueron llegando todos hasta que nuestra mesa estaba llena y la gente compraba nuestros productos. Algunos se iban a ofrecerlos a otras partes del colegio. Hubo una situación que me disgustó y fue que durante unos minutos me fui de la mesa en donde había estado vendiendo por más de dos horas, y cuando me fijé, se habían estado robando la comida. No podía creerlo, y lo más sorprendente, eran personas de la promoción. Angel logró que pagaran lo que habían comido pero eso no quitó mi decepción. Otra situación que no me pareció, fue cuando le pedimos un pequeño chorro de aceite a otro salón, para poder freír nuggets, y nos vendieron la botella completa de aceite. Luego de terminar la actividad, después de las 5 pm, muchos del salón se quedaron para limpiar el tablazo y la zona en la que vendimos, pero no limpiamos solo nuestra parte, pues los del otro salón ya se habían retirado.  Así mismo, el martes 01 de julio, un grupo de 5 A fue con 5 D al CEBE, planeando limpiar e interactuar con los niños, pero ocurrió el mismo problema que habían menos de 10 niños para tantos de nosotros. No había mucho que limpiar. Pero pude conocer a una nueva niña y aunque sea unos minutos conversar con ella. Creo que cada uno elige qué se lleva de las visitas, y yo personalmente siempre busco y ansío poder aprender algo de ellos.

Busca la verdad y actúa con coherencia
Creo que tanto en la actividad como en la visita, éramos más que dos o tres salones, una sola comunidad. Al limpiar, y participar en las mismas actividades, nos comportamos, unos más que otros, coherentemente.
Se compromete y esfuerza
5 A se comprometió y logró su objetivo al vender el 99% de los productos ofrecidos, y me siento alegre de la unión que pude vivenciar con mi comunidad.
Organiza actividades
Desde semanas anteriores habíamos estado poniéndonos de acuerdo con el salón y con los coordinadores de los otros dos salones, para que la actividad del sábado salga de lo mejor posible, cada uno aportaba nuevas ideas que ayudaron a la realización del mismo.
Trabaja en comunidad
Antes y durante las actividades, trabajamos en comunidad, pensando no en singular sino en plural, dejando el egoísmo, y dando nuestro mejor esfuerzo, pues cumplir las cosas es más sencillo cuando nadie te critica ni fastidia, lograrlo en comunidad es una satisfacción mayor.