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viernes, 6 de junio de 2014

Da y no esperes algo a cambio

En el Salmo 27 de la Biblia se expresa: “Los justos están siempre dispuestos a dar sin esperar nada a cambio, y sus hijos son una bendición. Así que eviten el mal y hagan el bien, y siempre tendrán donde vivir.”

Personalmente significa un reto diario para mí el dar y realizar algunas acciones, sin esperar algo a cambio, pues lo que considero que ocurre es que cuando creo estar consciente de que lo que entrego es gratis; sin embargo en mi interior eso no está totalmente claro.
Hace algunas semanas se nos avisó que el CEBE “Beatriz Cisneros” estaría realizando una Pollada el día viernes 30 de mayo, con el fin de recaudar fondos.
Estábamos invitados a participar de dicho evento; pero, dado que se nos imposibilitaban los horarios, las polladas serían traídas al colegio.
Hubo muchas manos levantadas después de que Piero anunciara la propuesta de participar con la actividad que las mamás del CEBE estaban organizando.
Sin embargo, al mencionarse uno de los factores de los cuales no se puede prescindir cuando se habla de recaudar fondos, el precio de cada pollada que en esta ocasión sería de 10 soles, produjo aquella ansiosa espera conocida como expectativa, lamentablemente muy vinculada por la sociedad en la actualidad con aquella creencia de que el precio es directamente proporcional a la calidad del servicio o producto.
Considero muy cierto lo que Piero nos dijo el día de hoy en la sesión de Ciudad de Dios: somos muy “ver para creer”. Es necesario vivirlo, para darse cuenta que, y sin apreciarlo de una forma equivocada, no podemos esperar que se nos brinde lo mismo a lo cual estamos acostumbrados.
Me incluyo al mencionar que cuando uno de nosotros escuchó la palabra “pollada” lo relacionó rápidamente con restaurantes como Rodizio, Dallas, Caravana, Long Horn, Tony Roma’s, entre otros. Cuando en realidad lo que debió entenderse, el núcleo de toda la actividad en la cual nos estábamos involucrando estaba lejana.
Se planificó la entrega de las polladas de la siguiente manera, al sonar el timbre del segundo recreo a las 12:45 pm, iríamos al salón de Ciudad de Dios a recoger nuestra pollada para luego conducirnos hacia el comedor, en donde supuestamente se había designado un área especial para los que los tres salones (A,D y E) participantes compartieran en comunidad este momento. Uso el término “supuestamente” porque nos dimos con la sorpresa de que al llegar al comedor no notamos algún tipo de señal que indicara que ese espacio era para nosotros; y en vista que había transcurrido algunos minutos del recreo, el comedor estaba lleno. Junto con algunas amigas buscamos un espacio reducido para poder comer la pollada, mientras que los que fueron llegando ya no tenían espacio y fueron a las escaleras y distintas áreas.



Mientras comía y después de acabado el recreo, al ingresar al salón pude escuchar las distintas opiniones acerca de lo ocurrido en el recreo: “¿10 soles para eso? Si hubiera sabido que era así… Yo me imaginaba…“ Estas son las frases más repetidas.
Yo había tenido una experiencia previa y externa al colegio en la cual pasé por estas reacciones, en las cuales yo esperaba algo a lo cual estaba acostumbrada, y no fue exactamente lo que recibí; por esta razón quise comprender desde un inicio que esta participación nuestra para con la actividad de recaudación de fondos del CEBE, era exactamente eso: una recaudación de fondos, no un restaurante al cual vamos para que nos complazcan según nuestras preferencias.

Conocerse, aceptarse y superarse:
Acepté que muchas veces tiendo a esperar realmente y dentro de mí, algo a cambio de lo que doy; cuando se supone que lo doy gratis y por amor. Pero ahora sé hay que identificar el propósito centrar de cada actividad, acción. Entender la causa, las ganas y la humildad de aquellas personas que nos invitaron a participar de su pollada.

Lidera con inspiración:
Mientras comía y al llegar al salón y escuchar algunos comentarios desaprobatorios sobre la pollada, les hice una pregunta a mis compañeros que  emitían estas opiniones, y fue: ¿Cuál era el objetivo de la pollada? ¿Comer rico tal cual estamos acostumbrados o ayudar a esta actividad de recaudación de fondos?
Así mis compañeros pudieron darse cuenta, de aquello que yo me di cuenta en mi primera experiencia.

Organiza actividades:
El salón se organizó para determinar quiénes participarían y luego el delegado nos indicó  la hora y la manera en la cual recogeríamos nuestra pollada y aunque no comimos los tres salones, como se esperaba, creo que nadie comió solo; sino que nos juntamos de a 3 o más en distintas áreas.

Se compromete y esfuerza:
Me comprometí a interiorizar más la situación por la que los chicos del CEBE pasan, su realidad que no debe ser ajena a nosotros pero debemos adaptarla para entenderlos. Así también me comprometí a participar en la próxima actividad que realizarán, la cual será una frejolada. Esta vez, aunque pueda que no sea una de mis comidas favoritas, recordaré el propósito de la actividad y quiénes son los que se deben beneficiar.

En síntesis, considero que esta actividad fue muy fructífera para que aterrizara en ciertos puntos, a identificar el objetivo, el dar sin esperar nada a cambio, recordar siempre que no somos nosotros los que vamos a enseñarles, o brindarles algo; sino que son ellos los que al fin y al cabo terminarán enseñándonos.


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Referencias:
Ciudad de Dios(Proyecto de Responsabilidad Social Agustina)(2014)Ciudad de Dios. Recuperado de: https://www.facebook.com/proyectociudaddedios/photos/a.273980396016255.65038.273980072682954/273980402682921/?type=1&theater
Urquia, D.(2013)Recibo de pago. Recuperado de: http://maquinadepensamientos.blogspot.com/

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