Uno solo puede lograr varias cosas. Un grupo de personas puede lograr aún más cosas; pero, una comunidad que se establece metas, tiene un objetivo claro y es respaldado por Dios, puede lograr muchísimas cosas más que los dos anteriores. El domingo 06 de abril pude darme cuenta de lo alucinante y maravilloso que es ver a casi un salón completo, trabajando en equipo, con ganas, logrando superar lo que se habían propuesto.
Sinceramente estaba acostumbrada a que cuando tuviéramos que hacer una actividad ya sea de recaudación de fondos o visita de Ciudad de Dios, no asistieran más de la mitad. Sin embargo, la primera actividad como salón de 5°A que tuvimos que organizar y llevar a cabo resultó ser muy productiva y sobrepasar mis expectativas. Asistió más de la mitad de mis compañeros, algunos que nadie podía imaginarse que llegaran tan temprano, nos sorprendieron; cabe resaltar que el domingo por la mañana no es muy accesible para varios pero para nuestro salón no fue un impedimento.
También considero que un factor importante fue la planificación de dicha actividad, la motivación que tuvimos y las ideas que muchos aportaron. Comenzamos a proyectar lo que sería la venta de café, café con leche, queques y empanadas y simultáneamente un lavado de los carros pertenecientes a los padres de familia que asistirían a la Eucaristía Familiar de esa fecha. Programamos un horario para llegar al colegio y ordenar lo que necesitaríamos (mesa, sillas, juntar materiales para el lavado de autos, etc). También situamos un presupuesto y ganancia aproximada que la actividad produciría. Con dos días de anticipación, se juntó casi todo lo necesario para el lavado de autos, algunos donaron detergente, paños, entre otros.
Yo me encargaba de llevar los queques y las empanadas; en un primer momento quise poder reunirme con algunas compañeras para prepararlos juntas pero debido a una falta de tiempo y disponibilidad no se pudo dar. Aquel domingo no pude llegar a la hora programada; pero cuando llegué, Sofi y Antonella habían tomado papeles protagónicos; estaban liderando, otorgándole a cada uno, una función determinada.
Enseguida dispusimos los productos que ofreceríamos, mejoramos el cartel en el cual aparecerían los productos y los precios; y en poco tiempo ya sólo nos quedaba esperar a que salgan los participantes de la Eucaristía, aunque no fue exactamente así, ya que algunos padres nos compraron antes de la Misa.
Cuando vi que ya todo estaba listo, tenía dos opciones, quedarme a esperar o poder participar unos momentos de la celebración. Debo admitir que ya que ninguno de mis compañeros lo había hecho, inicialmente quise quedarme con ellos conversando hasta que den las 11:00 am; pero recordé lo más importante, lo que debía ir primero y antes que nada, Dios. Por Él, todo ello se había realizado, y quise agradecerle el tiempo que quedara, todo lo que nos dio, la oportunidad y la próxima exitosa venta.
Me retiré 3 minutos antes que acabara la Eucaristía y nos dispusimos a atender a los padres de familia y niños que se acercaran.
Al cabo de 15 minutos ya todo se había agotado. Quedaba una o dos tazas de café con leche que debido al clima, ya no se vendería.
Toda la gente nos dio buenos deseos y felicitaciones, disfrutaron de nuestros productos y servicios. Terminada la venta, contabilicé los ingresos y más tarde calculé las ganancias.
El lunes, brevemente, comentamos algunas pequeñas mejoras que deberíamos tomar en cuenta en una próxima ocasión; pero en general todo salió mejor de lo que esperábamos.
Disfruté mucho esta experiencia porque pude conocer el compromiso de mis compañeros de salón, darme cuenta que los había subestimado, y que juntos con Dios podemos lograr más de lo que nos propongamos. Trabajamos en equipo, organizamos actividades, así como también nos esforzamos y superamos.









