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jueves, 24 de abril de 2014

5° A te puede sorprender

Uno solo puede lograr varias cosas. Un grupo de personas puede lograr aún más cosas; pero, una comunidad que se establece metas, tiene un objetivo claro y es respaldado por Dios, puede lograr muchísimas cosas más que los dos anteriores. El domingo 06 de abril pude darme cuenta de lo alucinante y maravilloso que es ver a casi un salón completo, trabajando en equipo, con ganas, logrando superar lo que se habían propuesto.
Sinceramente estaba acostumbrada a que cuando tuviéramos que hacer una actividad ya sea de recaudación de fondos o visita de Ciudad de Dios, no asistieran más de la mitad. Sin embargo, la primera actividad como salón de 5°A que tuvimos que organizar y llevar a cabo resultó ser muy productiva y sobrepasar mis expectativas. Asistió más de la mitad de mis compañeros, algunos que nadie podía imaginarse que llegaran tan temprano, nos sorprendieron; cabe resaltar que el domingo por la mañana no es muy accesible para varios pero para nuestro salón no fue un impedimento.
También considero que un factor importante fue la planificación de dicha actividad, la motivación que tuvimos y las ideas que muchos aportaron. Comenzamos a proyectar lo que sería la venta de café, café con leche, queques y empanadas y simultáneamente un lavado de los carros pertenecientes a los padres de familia que asistirían a la Eucaristía Familiar de esa fecha. Programamos un horario para llegar al colegio y ordenar lo que necesitaríamos (mesa, sillas, juntar materiales para el lavado de autos, etc). También situamos un presupuesto y ganancia aproximada que la actividad produciría. Con dos días de anticipación, se juntó casi todo lo necesario para el lavado de autos, algunos donaron detergente, paños, entre otros.
Yo me encargaba de llevar los queques y las empanadas; en un primer momento quise poder reunirme con algunas compañeras para prepararlos juntas pero debido a una falta de tiempo y disponibilidad no se pudo dar. Aquel domingo no pude llegar a la hora programada; pero cuando llegué, Sofi y Antonella habían tomado papeles protagónicos; estaban liderando, otorgándole a cada uno, una función determinada.
Enseguida dispusimos los productos que ofreceríamos, mejoramos el cartel en el cual aparecerían los productos y los precios; y en poco tiempo ya sólo nos quedaba esperar a que salgan los participantes de la Eucaristía, aunque no fue exactamente así, ya que algunos padres nos compraron antes de la Misa.
Cuando vi que ya todo estaba listo, tenía dos opciones, quedarme a esperar o poder participar unos momentos de la celebración. Debo admitir que ya que ninguno de mis compañeros lo había hecho, inicialmente quise quedarme con ellos conversando hasta que den las 11:00 am; pero recordé lo más importante, lo que debía ir primero y antes que nada, Dios. Por Él, todo ello se había realizado, y quise agradecerle el tiempo que quedara, todo lo que nos dio, la oportunidad y la próxima exitosa venta.
Me retiré 3 minutos antes que acabara la Eucaristía y nos dispusimos a atender a los padres de familia y niños que se acercaran.
Al cabo de 15 minutos ya todo se había agotado. Quedaba una o dos tazas de café con leche que debido al clima, ya no se vendería.
Toda la gente nos dio buenos deseos y felicitaciones, disfrutaron de nuestros productos y servicios. Terminada la venta, contabilicé los ingresos y más tarde calculé las ganancias.
El lunes, brevemente, comentamos algunas pequeñas mejoras que deberíamos tomar en cuenta en una próxima ocasión; pero en general todo salió mejor de lo que esperábamos.

Disfruté mucho esta experiencia porque pude conocer el compromiso de mis compañeros de salón, darme cuenta que los había subestimado, y que juntos con Dios podemos lograr más de lo que nos propongamos. Trabajamos en equipo, organizamos actividades, así como también nos esforzamos y superamos.



miércoles, 2 de abril de 2014

Primera lección: Siempre habrá razones suficientes para sonreír

Primera lección: Siempre habrán razones para sonreír
El jueves 13 del presente mes, mi salón y yo tuvimos la oportunidad de realizar la primera visita (de diagnóstico) al CEBE Beatriz Cisneros, colegio que se nos fue asignado como proyecto de Ciudad de Dios.
Sinceramente, no sabía qué esperar exactamente, cuando nos dijeron que el colegio era de niños especiales; sin embargo, ya quería comenzar.
La visita fue de gran ayuda para nosotros, pudimos percibir y vivenciar todas las carencias del colegio. Fue una experiencia fuerte. Una realidad que sabía que existía, pero no sabía qué tan cerca, y qué tan fuerte podía llegar a ser. Mas, lo que me sorprendió más, no fueron las deplorables condiciones en las que se encontraba el colegio, su infraestructura, sus utensilios, falta de ventilador, baños en desfavorables condiciones, y mucho más; lo que de verdad me dejó una gran lección, fue ver con mis propios ojos, la alegría que aquellos niños irradiaban. Ellos no paraban de sonreír, nos recibieron de la mejor manera que pudieron, y sin importar que fueran solo  cuatro, cada uno nos enseñó algo distinto.
 Como bien mencioné antes, después de llegar al CEBE Beatriz Cisneros, dado que éramos muchos estudiantes para cuatro niños, nos dividimos en grupos, así podíamos rotar, y conocer el colegio, conversar con una de las profesoras, el profesor de Educación Física, y luego interactuar directamente con los niños.
Personalmente, conocí mejor a Lucerito, la única chica que estaba presente, y que según me dijo la directora, sufre retardo cerebral. Cuando Lucerito nos miró, nos hizo una seña con el brazo para que nos acercáramos, luego nos abrazó a manera de juntarnos en un círculo, siempre sonriendo, y nos dijo: chicas, chicas, y nosotras respondimos: ¿qué cosaaa? Y ella: ¡NO SABEEN! Y nosotras: ¿queee? Y ella: ay, (suspiraba), dicha secuencia se repitió más de 8 veces, pero ella se mostraba tan alegre, que solo nos reíamos, no me cansé en ningún momento de escucharla, verla reír y decirnos hacia dónde caminar.
El momento de la despedida fue, aunque no sea tan fácil de creer, melancólica. El tiempo había pasado muy rápido. Nos despedimos de todos y agradecimos; sin embargo, mientras me despedía de Lucerito, pude notar en su muñeca una pulsera, y le pregunté si le agradaban, me dijo que sí. A raíz de ello, me propuse llevarle una pulsera hecha a mano, la próxima vez que vayamos, y que ojalá tengamos la oportunidad y bendición de encontrarnos con ella nuevamente.
Durante el trayecto de regreso al colegio, todos intercambiamos ideas acerca de nuestras propias experiencias, qué opinábamos, y discutimos también cuáles serían las actividades que realizaríamos para la recaudación de fondos con el fin de ayudar en algún aspecto al CEBE Beatriz Cisneros.
Mas, aclaramos que debíamos recordar que la interacción y el servicio para con los chicos, era lo primordial, y podemos además de aquello, colaborar de una forma no muy exuberante, a sus carencias, ya que siendo sinceros, temas como la infraestructura y construcciones, escapan de nuestras manos.
Siento que esencialmente me comuniqué con asertividad, y cuando hicimos la oración inicial y final, cumplimos con el sentir con la Iglesia; cabe resaltar que los chicos sabían cómo orar, respetaban el espacio de oración.
Son tantos los momentos en que nosotros, encerrados en nuestra burbuja, ignoramos todo lo que puede pasar a menos de dos metros fuera de nuestro colegio, nuestro condominio, etc. Cuando creemos que no tenemos salida, cuando solo por el hecho de no tener permiso para salir con nuestros amigos, o que no nos concedan algún capricho, lloramos, y hasta podemos llegar a decir que nos deprimimos. Sin embargo, con lo aprendido en esta ocasión, aprendí que hay VERDADERAS razones por las cuales llorar, por las cuales deprimirse seriamente. Tenemos a las justas 16 años y creemos que hemos vivido.
Dios nunca manda pruebas más fuertes de las que podamos, con su ayuda, superar. Lucerito, y los demás niños, pueden tener incapacidad para realizar algunas tareas en comparación a nosotros, pero Dios, los eligió, con una misión. Eligió a sus papás, y a cada una de las personas a las que ellos, con su felicidad y su increíble superación, enseñarían sobremanera.
Esta experiencia ha trascendido en mí, cuento los días para poder volver a ir, poder sentir esa alegría al compartir aquellos valiosos momentos con Lucerito, y con los demás chicos que conozca. Por dedicarles mi tiempo, mi sonrisa, y poder llevarles un poco de amor y alegría.

En fin, fue una tarde muy provechosa, me llevé grandes lecciones de aquellos chicos, y en especial de Lucerito, aprendí que más allá de las condiciones en las que vivas, las carencias que tengas, siempre habrá más razones para sonreír.